miércoles, 4 de mayo de 2011

Verónica

Hace 36 años me destrocé el fémur en un accidente. Además del miedo a no quedar bien, el restablecimiento fue aparatoso, difícil y largo, muy largo. Tanto que el recuerdo sigue ahí, bien vívido. Está claro que el mundo ha cambiado mucho: hoy veo a Joel correr y saltar y no puedo sino maravillarme porque es verdad: con los transplantes la energía no muere, sólo se transforma. Si el mundo fuera justo, este tipo de iniciativas saldrían en 'prime time'. Gracias por recordarme lo que importa.

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